Diana Navarro emociona en Almería con un recital monumental, arropada de un público entregado, dentro de su gira ‘Ya no estoy sola’

La artista celebró sus 20 años de carrera en el Auditorio, con las colaboraciones de la Banda de Música Santa Cecilia de Sorbas, la cantante Mar Hernández y el pianista Hugo Bechstein.
Lo de Diana Navarro está fuera de lo normal. La tesitura de su voz, la precisión de sus melismas y esa capacidad casi imposible para sostener cada nota la acercan más a la lírica que a cualquier otra etiqueta musical. Sin embargo, la artista malagueña ha logrado durante dos décadas algo reservado a muy pocos: hacer de la copla, el flamenco y la canción española un territorio nuevo, contemporáneo y profundamente personal. Anoche, en el Auditorio Maestro Padilla, compartió con los almerienses sus 20 años en el escenario, volvió a demostrar por qué es una artista única e irrepetible en el panorama musical español, y proclamó por todo lo alto que ‘Ya no estoy sola’.
En efecto, durante dos horas recibió el cariño, aplausos y admiración de sus entregados seguidores, a los que respondió con una actuación soberbia, intensa y cargada de sensibilidad, en la que estuvo acompañada por seis excelentes músicos y dos coristas, y añadió las colaboraciones de la almeriense Mar Hernández, la Banda de Música Santa Cecilia de Sorbas y el pianista Hugo Bechstein.
El concierto, incluido en la programación de primavera del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería y con producción local de Crash Music, estuvo concebido como un recorrido emocional y artístico por toda su trayectoria. El concejal de Cultura, Diego Cruz, afirma que “queremos traer a nuestro programa a los mejores artistas, y Diana Navarro es un referente de la música, con una voz icónica. Estamos muy felices de que haya regresado a Almería y haya hecho disfrutar a sus seguidores en el Auditorio”.
Sobre el escenario, Diana Navarro desplegó un repertorio que transitó por la zarzuela, el flamenco, la música sacra y, por supuesto, la copla, género al que ha sabido dotar de una nueva dimensión sonora y emocional. Desde los primeros compases quedó claro que no era un concierto al uso, sino una experiencia artística construida desde la emoción y la verdad escénica. Todo en el concierto estuvo muy cuidado, desde la riqueza armónica de la iluminación y la elegancia del vestuario que en cada tramo del concierto utilizó la cantante.
La noche arrancó con una delicada aproximación a la zarzuela antes de adentrarse en la copla más clásica y evolucionar hacia un cante jondo lleno de matices. Diana Navarro volvió a exhibir ese estilo vocal tan característico, capaz de alternar la contundencia dramática con una fragilidad estremecedora, sosteniendo silencios y respiraciones con la misma fuerza que los grandes estallidos vocales.







