La OCAL y José Manuel Zapata: Gigantes de la música para una noche de Feria monumental

Casi 1.500 espectadores viven un concierto tan emocionante como divertido con grandes canciones a partir de arreglos sinfónicos de Juan Francisco Padilla y con dirección de Michael Thomas
La Plaza de la Constitución volvió a transformarse este viernes en uno de los grandes escenarios de la Feria de Almería. La Orquesta Ciudad de Almería (OCAL) puso en marcha uno de sus conciertos más esperados del año: una noche de música, recuerdos y emociones bajo el título de ‘Gigantes’. Era la propuesta para este año para un fijo de la programación de verano del Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería, enmarcado en la programación especial de Feria y que reunió a alrededor de 1.500 personas.
Y pocas palabras describen mejor la dimensión de lo vivido anoche. Porque Gigantes no fue simplemente un concierto de canciones conocidas. Fue un viaje por la memoria musical de varias generaciones, una sucesión de historias y melodías capaces de despertar recuerdos personales y colectivos. Pero, claro, eso puede conseguirse de muchas maneras –streaming, verbenas, programas de televisión- pero ninguna alcanza a la exquisita belleza que surge de la combinación de la OCAL, dirigida por Michael Thomas, el tenor granadino José Manuel Zapata y los arreglos del almeriense Juan Francisco Padilla.
La OCAL, además, vivió la noche con el significado añadido de encontrarse en plena celebración de su 25 aniversario. Un cuarto de siglo después de su creación, la orquesta ha conseguido convertirse en una de las referencias culturales de Almería y en una formación capaz de acercar la música sinfónica a públicos muy diferentes como demostró anoche.
La capacidad de la OCAL es de sobra conocida por quien ha asistido a alguno de sus conciertos habituales de temporada en el Auditorio o en otras propuestas escénicas y, anoche, en tono más ligero, se movió con pasmosa naturalidad por el mundo de las canciones de autor y entrando al juego de algunas bromas de un incorregible Zapata, que ejerció de cantante, narrador y, sobre todo, cómplice de un público que desde los primeros compases se dejó llevar en una velada para disfrutar de buenas letras en castellano con los mejores acompañamientos musicales.

La elección de los fragmentos más populares de la suite ‘Carmen’, de Georges Bizet, para abrir la velada fue toda una declaración de intenciones. La OCAL comenzó poniendo sobre la mesa su músculo sinfónico, su precisión y su capacidad para llenar de sonido una plaza convertida en auditorio. Era el preludio perfecto para un espectáculo que, a partir de ese momento, abandonaría el territorio de la música clásica para adentrarse en las canciones populares de grandes compositores.
Con ‘La quiero a morir’ comenzó el viaje de ‘Gigantes’ y la entrada en una nueva dimensión gracias a los arreglos sinfónicos de Padilla y que junto a la calidad interpretativa de Orquesta y tenor, completa una de las claves de la noche: escuchar canciones que el público conoce de memoria, pero descubrir en ellas colores, texturas y matices diferentes, realzando melodías, silencios, giros y dinámicas con maestría.
Los arreglos de Padilla respetan la esencia de cada composición y, al mismo tiempo, permitieron que la OCAL las llevara a un terreno nuevo. La orquesta no estaba ahí para acompañar simplemente a un cantante: construía paisajes sonoros mientras Zapata… Lo de José Manuel Zapata es difícil de definir porque no es frecuente encontrar una voz tan sobrada de facultades, elegancia y sobriedad que combine con naturalidad con una faceta cómica desbordante y atinada en la presentación de cada uno de los temas. El granadino fue hilvanando las distintas piezas con anécdotas, recuerdos y comentarios que acercaron aun más las canciones al público.
Y así, entre una historia y otra, se sucedieron ‘Hoy puede ser un gran día’ de Joan Manuel Serrat, ‘Hay amores’ de Shakira –“cuando no está cabreada”, bromeaba Zapata- o ‘El breve espacio en que no estás’ de Milanés. El programa supo jugar también con los contrastes de pasajes instrumentales y una de las populares polkas de Johann Strauss irrumpió como paréntesis festivo y desenfadado antes de regresar a las historias personales con ‘Un hombre solo’, de Manuel Alejandro para Julio Iglesias. Le seguirían ‘El sitio de mi recreo’ de Antonio Vega, dedicada a las mujeres que hacen frente al cáncer, la fábula imposible de ‘Quien fuera’ de Silvio Rodríguez.
Los Gigantes también juegan: la OCAL se suma a cantar
Tras contar Zapata sus inicios en el canto siendo niño, cantando para entretener a la clientela del restaurante de sus padres en Granada, guitarra en ristre, en otro descanso vocal, la OCAL volvió a una pieza instrumental… que al final no lo fue tanto. Con la suite de ‘Guillermo Tell’ de Rossini la Orquesta, azuzada por Padilla, se lanzó a hacer cantado el rebato final para diversión y deleite del público y la sorpresa de Thomas, que también se sumó a la fiesta.
Ahora sí, con el rigor debido, los protagonistas volvieron al repertorio para ofrecer el delicioso tramo final con ‘Vivir así es morir de amor’, “un tema que une mucho, sobre todo en los karaokes, y que más de uno canta por encima de sus posibilidades”, compartía Zapata entre risas del respetable. Después llegaron ‘Garganta con arena’ y ‘Las simples cosas’, nuevas miradas al cancionero argentino, para cerrar con el universal ‘Y nos dieron las diez’ de Joaquín Sabina. A modo de bis llegaría ‘O sole mío’, una elección que permitió a José Manuel Zapata desplegar todo su potencial vocal y a la OCAL poner un brillante punto final a la velada.
La Feria de Almería tuvo así una de esas noches en las que la música consiguió que los molinos, esta vez, sí fueran Gigantes.
La OCAL cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Almería a través del Área de Cultura, Cajamar Caja Rural, la Junta de Andalucía a través de la Consejería de Cultura y Deporte, y Diputación de Almería, además de contar con la colaboración de Grupo Caparrós, La Gergaleña, Ikea, Barceló Cabo de Gata, la Escuela Superior de Música Reina Sofía y Michelín.






